Los días pasan en orden y sin prisa. El tiempo avanza firme su paso, con cada hora una nueva sensación y a veces un sentimiento. Empezamos el día sin ganas recién salidos de un dulce sueño o de una amarga pesadilla. Nos levantamos soñolientos, miramos la hora, es tiempo de levantarse y ver el nuevo día. Pasan las horas, saludamos gentilmente a la gente y proseguimos con nuestra agenda de tareas, que aunque no se lleve escrita se lleva en la conciencia. Despues de la rutina mañanera hay un momento en que se hace el silencio, y ahí estamos pensando como pasaremos el día, como irán nuestras ambiciones, nuestros anhelos, quizás este sea el día.
No, no es así, recordamos tiempos mejores, personas añoradas, risas anteriores...
Mañana será otro día, no hay dos días iguales no? Pero si miramos el cielo ahí lo vemos, tan oscuro y profundo a la vez que hasta el alma atrapa, te pierdes mirandolo, escrutandolo palmo por palmo, sigue igual que siempre, sigue ahí. Aunque el día sea distinto, el cielo nocturno volverá para embriagarme con su tranquilidad, para el , el tiempo pasa en vano ¿y para mi? al descubrir que llevo media hora mirándolo.
Será mejor que duerma y vaya de nuevo a ordenar mis pensamientos...
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